Por Antero Flore-Araoz

En anterior columna, nos hemos referido a los venezolanos que llegan al Perú huyendo de la dictadura chavista, hoy encarnada por Nicolás Maduro, la que ha sembrado odios, dividido a sus connacionales, perseguido y encarcelado a sus opositores, y ha pauperizado al país que quizás tenía la mejor situación económica de nuestro sub continente.

Chávez y Maduro han sido los responsables del descalabro llanero, con una inflación imparable y vertiginosa. Escasean en Venezuela tanto alimentos como medicinas y lo que fue el “oro negro”, origen de la antigua prosperidad venezolana, hoy solo es recuerdo.

De la otrora libertad de prensa, ya ni siquiera hay memoria, con lo cual la recuperación de la Democracia es muchísimo más difícil.

De todo ello han fugado millones de venezolanos, habiendo sido acogidos en nuestro terruño alrededor de diez mil mensuales, pero si bien hay mucha solidaridad, no podemos esconder que también hay fastidio pues en el Perú la situación no es color de rosa, ello por la crispación política, el reclamo norperuano por la demora en la reconstrucción, y la paralización de las obras públicas por el deficiente manejo de los casos de corrupción de empresas constructoras brasileñas y algunos consorciados nacionales.

Sin embargo, hemos olvidado en el Perú, que quedan alrededor de cien mil peruanos en Venezuela, pues la población nacional en ésa hermana República ha ido disminuyendo en los últimos lustros por el calvario que vive la otrora pujante nación.

Según fuimos informados, más o menos el 80% de nuestros connacionales en Venezuela están en crítica situación por el colapso de empresas, la reducción de puestos de trabajo, el deterioro monetario, y lo que es peor, por la escasez de alimentos y medicinas, como ya habíamos expresado.

Lo reseñado tiene que obligar al Estado Nacional a otorgar facilidades a los paisanos que quieren regresar desde el infierno venezolano, a los que podríamos premunirlos de todo lo necesario para el retorno, pero principalmente ayuda consular, reducción de derechos por trámites burocráticos, programa de ayuda temporal en la patria y búsqueda de oportunidades laborales para su incorporación a la economía peruana.

Si en el Perú somos solidarios con los venezolanos que migran de su país, con más razón tenemos que serlo con nuestros connacionales que están regresando por las causas anteriormente expuestas, a los que hay que atender en su salida del extranjero y en su ingreso al Perú. Nuestros consulados han logrado repatriar a cerca de cien peruanos, pero requieren mayor apoyo humano y presupuestal para seguir en la tarea.

Hemos sido capaces de conceder tratamiento migratorio especial para los venezolanos que nos visitan, pero también es necesario aprobar un dispositivo legal que otorgue ayuda integral, incluyéndolos en el Seguro Integral de la Salud, en los programas de vivienda, en su incorporación a las ofertas laborales en el Ministerio del Trabajo, entre otras tantas posibilidades.   Lo más importante, conceder mayores recursos a nuestros consulados en Venezuela, para ayudar a los peruanos tan olvidados en ésas no tan lejanas tierras.