Por Antero Flores-Araoz

Intensos días estamos pasando, en que ni la clasificación peruana al mundial de fútbol, ni la Navidad, ni el Nuevo Año, y quizás ni la llegada del Papa Francisco, amortigüen las tensiones que se viven y que han ocasionado un frustrado pedido de vacancia presidencial, el indulto al ex Presidente Alberto Fujimori y las consecuencias de dichas acciones.

De lo acontecido nadie sale ganancioso, todos pierden y quedan política y socialmente magullados y maltrechos. Nadie se salva, y si creen algunos sectores políticos, que con sus actuaciones u omisiones harán los cimientos para futuros procesos electorales victoriosos, se equivocan, la calle señala a todos y responsabiliza a todos.

El Presidente Kuczynski no fue vacado pues no hubo votos suficientes, pero si hubieron más votos por la vacancia que por la no vacancia, con lo cual, si bien es cierto no hubo la “tarjeta roja” fue impuesta la “tarjeta amarilla” que de suyo es una seria advertencia.

A lo señalado en el párrafo precedente hay que sumarle la protesta en la calle de quienes se oponen al indulto, sea porque daría la impresión de un canje de favores, sea porque no se han percatado que se trata de perdón, que es un elemento de las enseñanzas cristianas y que parecería un contrasentido de quienes simultáneamente se dan golpes de pecho pidiendo perdón, pero al mismo tiempo incapaces de comprenderlo cuando se otorga a terceros.

Los grupos políticos asentados en el Congreso de la República, también han quedado afectados, sea porque se ha hecho añicos la disciplina partidaria, sea porque no se ha entendido que un tema tan serio como la vacancia presidencial no puede estar sujeta a ukases partidarios, ya que se trata de votación de conciencia, y ello sin siquiera recordar que los parlamentarios no están sujetos a mandato imperativo.

Pierden los ciudadanos comunes y corrientes, como dicen: los ciudadanos de a pie, pues la protesta pública genera desorden, da la impresión de caos, y ello son circunstancias que hacen inhibir a los inversores en nuevos emprendimientos en el país, que son los que generan puestos de trabajo que nos son tan necesarios para elevar niveles de vida y reducir la pobreza.

El Gabinete Ministerial también pierde, pues algunos Ministros han renunciado, los ciudadanos quieren cambios y no simple maquillaje. Además las renuncias generan más desconfianza ciudadana en el Gobierno, pues si algunos Ministros, cercanos al Presidente, han desconfiado de él, se preguntan con razón los demás ciudadanos ¿por qué tenemos que confiar nosotros?

En el Parlamento sucede algo parecido, las renuncias habidas en la bancada de Peruanos por el Kambio, denotan que los renunciantes, o no creyeron en las explicaciones del Presidente, o se oponen a una decisión que solamente compete al Presidente de la República por ser su atribución constitucional, que es absolutamente discrecional, por más que se quiera disfrazar con “apellidos” de indulto “humanitario”, así como también de indulto “político”.

Recuerden: todos pierden y no es responsable dejar al Perú a la deriva.