Por Antero Flores-Araoz

Mucha ilusión causó en nuestros compatriotas que Pedro Pablo Kuczynski fuera elegido el año pasado como Presidente de la República, y ello por varias razones:

La primera por una impecable hoja de vida, tanto en gestión pública como en la privada. Había sido altísimo funcionario del Banco Central de Reserva del Perú, Ministro de Energía y Minas, Ministro de Economía y Finanzas, y en adición a todo ello, Presidente del Consejo de Ministros. En la actividad privada se desempeñó en el Perú y en el extranjero en corporaciones de primer nivel, con gran experiencia en finanzas.

La segunda que siendo un seguidor caracterizado de la economía de mercado y propulsor de la inversión privada como generadora de trabajo digno, entendía que ello debería marcar su acción gubernamental para seguir reduciendo la pobreza y elevar los niveles de vida.

La tercera su acción para dotar de servicios básicos a la población menos favorecida que carecía de ellos, para lo cual siendo titular de la Cartera de Economía consiguió que se aprobara Ley para subsidiar la ampliación de la frontera eléctrica, y tiempo después presidió entidades que fomentan los servicios de agua potable y alcantarillado para quienes no los tienen.

La ilusión creció cuando la ciudadanía se percató que con una sola excepción, las bancadas que forman parte del Congreso de la República tenían similares inquietudes, y se suponía que todos pondrían el hombro para hacer exitoso el actual gobierno, lo que redundaría en el bienestar de la población y en sentar las bases para que un próximo gobierno recibiera el mando presidencial en mejor situación de la que lo encontró PPK, sin dejar de reconocer que la ruta de la sana economía la inició Alberto Fujimori y prosiguieron Valentín Paniagua, Alejandro Toledo, Alan García y hasta el mismo Ollanta Humala, este último quizás por inercia antes que por convicción.

No creo que en toda nuestra Historia Republica haya existido un Presidente con tantos pergaminos en lo que se refiere a la temática económica, siendo penoso que la ilusión se haya convertido decepción en el primer año de su gobierno.

Evidentemente no todo es culpa de acciones gubernamentales y de inacciones, cuando la antípoda era requerida.  Hay externalidades que han afectado gravemente la situación como es el caso del Fenómeno del Niño, bautizado como “Niño Costero” y las consecuencias del escándalo “Lava Jato” de Brasil, con ramificaciones en el Perú.

La reconstrucción de lo afectado por el “Niño Costero”, como son carreteras, puentes, puertos, canales de regadío, escuelas, hospitales y postas médicas, redes de agua y alcantarillado, viviendas y tantas otras cosas pérdidas en el país, demandarán ingentes recursos económicos, que obligarán por un lado al endeudamiento internacional y por otro a distraer recursos del fondo de contingencias y de lo presupuestado para nuevas obras públicas. Empero tenemos que reconocer el buen desempeño gubernamental en las primeras semanas después del desastre, aunque sin la velocidad esperada para iniciar ya la reconstrucción.

En el caso de “Lava Jato” se han interrumpido importantes obras, dejando sin ingresos a miles de trabajadores de construcción civil, así como impagos a otros tantos proveedores, y sin que el Gobierno hubiere podido acertadamente llevar en cuerdas separadas la continuación de las obras, diferenciando ello de la necesaria punición como ejemplo para evitar en lo futuro actos de corrupción en la contratación de obras públicas.

El tiempo transcurrido en el actual Gobierno, no ha sido exitoso, pues hay ofertas incumplidas en temas en que se suponía era experto el nuevo Gobierno.  Por ejemplo destrabar inversiones, con resultado negativo, sin conocerse algo que se hubiera destrabado.  Otro ejemplo es la simplificación administrativa, con magro resultado pese a la delegación de facultades legislativas, por cierto desperdiciadas. La formalización de los sectores informales constituyen también desilusión, pues solo piensan en costos laborales con olvido que se requiere hacia atrás una amnistía total en lo tributario, municipal, seguridad social, sistema pensionario, y defensa civil.

La falta de coordinación entre Ministerios es más que evidente.  Cuando se trataba de solucionar reclamaciones laborales del Sector Educación y Salud, otros Sectores daban la impresión que los recursos económicos eran ilimitados.  En efecto simultáneamente con las negociaciones para levantar las huelgas, se sacaba la lista de más de 8000 funcionarios públicos despedidos hace medio siglo, para ser reincorporados a sus puestos o indemnizados. También en simultáneo el anuncio de subsidio para vivienda, y nuevos subsidios para los afectados del “Niño Costero”.

El desorden gubernamental lo notan hasta los dotados con escasas neuronas, quienes critican que el Presidente de la República reciba a huelguistas, con lo cual se convertirá en primera (y no en última instancia) para los conflictos laborales.

La conflictividad social va en aumento, y sin expertos que puedan tratarla, por preferirse a profesionales con muchos pergaminos en el exterior pero carentes de experiencia en el interior.

El colmo es que el propio Gobierno se petardea a los pies, cuando no es más arriba, pues es el que le dio “mecha” a los procuradores para sentirse autónomos e independientes. También el que se haya creado dos nuevos frentes como son los colegios profesionales y universidades, a quienes trata en proyecto de ley de quitarles su representación en el Consejo Nacional de la Magistratura, volviéndolo en buena cuenta a ser dependiente del poder político.  Hay más, a escasas semana de la visita del Papa Francisco el Gobierno se pelea con la Iglesia Católica negando reconocimiento a programas universitarios y de investigación concertados con diversas diócesis y arquidiócesis, asentadas en zona de selva.

La población observa que los antisociales pueden hacer lo que les viene en gana, pues los sectores gubernamentales no ejercen las atribuciones de encausamiento penal que la legislación les permite.

Todo lo anteriormente señalado, y ante el desánimo, nos puede llevar a sorpresas electorales negativas en el 2018 y el 2021, y ello, además de los principios, nos debe llevar a todos a ayudar al Gobierno a sacar adelante el país, y digo todos, pues incluyo a los que en la plenitud de los reclamos laborales, pretendían distraer el tiempo de la titular del Sector Educación con una inoportuna interpelación.

Ojalá colabore el Gobierno a que volvamos a tener ilusión, sepultando a la decepción.