Ollanta Humala

El título de este artículo evidentemente no es lo que deseamos, aunque sí lo que advertimos, y ello es penoso, para no usar otros adjetivos que causen escozor.

Con el pretexto del inicio de un nuevo año, pero con la real motivación de informar al país sobre el acontecer nacional y el ruido político existente, el Presidente de la República concedió entrevista a uno de los periodistas más caracterizados y serios, cuyas buenas maneras le han granjeado el aprecio de todos.

En esa entrevista el Presidente Humala dio cuenta de los avances en materia educativa escolar. Igualmente recordó los esfuerzos para mejorar el sistema de salud, y se prodigó en elogios a su gestión económica comparando sus resultados con los de administraciones anteriores.

No concordamos con la óptica presidencial  ni menos con sus datos incompletos y faltos de objetividad. Para nadie es un secreto que el crecimiento del país se ha estancado, que su desarrollo es muchísimo menor que lo esperado, que las inversiones se han desacelerado, que la tramitología cada día está peor, que la balanza comercial es desfavorable y que el clima de tranquilidad que debe existir para nuevas  inversiones generadoras de trabajo se ha esfumado.

La ciudadanía desea correctivos a la situación expuesta, pero también requiere de respuestas del más alto nivel gubernamental, sobre los casos en actual investigación que podrían comprometer a la mismísima  Presidencia de la República.  Hay testimonios, declaraciones, y evidencias de cercanía al Presidente y a su cónyuge,  de personas que están bajo sospecha y sujetas a investigación parlamentaria, fiscal y judicial.

Cuando se intenta iniciar, en forma educada y cortés, las preguntas que corresponden al nebuloso panorama político, lleno de acusaciones y en que conviene distinguir lo  real de lo ficticio, la respuesta presidencial no es otra que  confrontar y escabullirse del interrogatorio bajo el manto de su alta investidura.

Presidente, recuerde que el ejercicio gubernamental al igual que le otorga derechos también le señala obligaciones, y una de ellas es atender a los requerimientos del país, informarle de lo que sucede, y dar respuestas a los cuestionamientos.

Invocó el Presidente a elevar el nivel de la conversación, agregando que no se trataba de una conversación de barrio sino que era una entrevista con el Presidente de la República.  En ningún momento el entrevistador fue descortés, menos aún impertinente, por lo que debió  ser atendido bajo las reglas de la corrección y sinceridad.

La negativa presidencial lo que ha logrado es sembrar  más sospechas de alguna relación con los casos investigados, y ello no es bueno para nuestra Democracia.  Esa negativa propicia y estimula  mayor ruido político en vez de amenguarlo.

Se pretendía un deslinde claro y sincero, pero lo que se consiguió es más incertidumbre.  Necesitamos ocuparnos más de los asuntos que realmente  importan para mejorar nuestra economía, para que exista más empleo, para que los niveles de vida se eleven y que los servicios educativos y de salud mejoren. No podemos seguir anclados a los escándalos pues así no se construye  país.  Dejemos que las investigaciones sigan su curso y ayudemos a poner el orden que reclama  la ciudadanía, con menos confrontación y más diálogo.

Por Ántero Flores Aráoz