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Todo el Perú preocupado por lo que se denomina la calidad educativa, con críticas al nivel de aprendizaje del alumnado, a su capacidad de comprensión lectora, de conceptos así como de matemáticas, todo esto en el nivel escolar.

La preocupación incluso llegó al Congreso donde se aprobaron normas para la carrera magisterial e incorporar en ella a la meritocracia; e incluso se expidió una nueva Ley Universitaria en la falsa creencia que sus preceptos mejorarían la calidad de la educación superior.

Con buenas y también malas decisiones, no hay duda que el Estado está interesado en elevar el nivel educacional, y que hay ejemplos exitosos como el de Moquegua, proyectos público-privados como Fe y Alegría, cadenas de colegios privados con innovación creciente, e interés de grupos empresariales de incursionar en la instrucción con seriedad.

Sin embargo debe tenerse presente que lo que se haga en la etapa escolar, así como en la de institutos y universidades, servirá de poco si es que no hay sólidos cimientos en el hogar.

Cierto es que la instrucción se da con la escolaridad y los estudios superiores, universitarios o no, pero la educación y formación tienen que darse desde el hogar, y si ellas no existen o son deficientes, será muy difícil suplirlas en las otras etapas de la vida.

Muchos padres deberían hacer un examen de conciencia respecto a la educación que dan a sus hijos para que sean ciudadanos de bien en el futuro. Tienen que meditar si el ejemplo que dan en casa es el adecuado para formar en valores a niños, adolescentes y jóvenes.

¿Cómo pretender que los hijos cumplan sus obligaciones, si se les enseña con el mal ejemplo a desacatar las normas? Vemos con estupor cómo muchos padres abdican frente a absurdos ruegos de hijos para dar permisos de concurrencia a fiestas de mayores o a manejar sin licencia. Si hay una edad mínima para determinados actos recreativos o espectáculos, pues a cumplir las reglas que para ello se dieron, pero no, hay casos en que hasta se hacen falsificar por los padres documentos de identidad para aumentar la edad de los adolescentes y puedan ir a donde sus años aún no lo permiten.

No se dan cuenta los padres que con ciertas vestimentas carentes de tela suficiente, exponen a sus adolescentes hijas a que se les falte el respeto, por decir lo menos.

Hace pocos días, en estas páginas que nos alberga, se ha dado cuenta de las llamadas fiestas “Arco Iris”, “Semáforo”, y “Candy” entre otras, en que niños y niñas acceden precozmente a la sexualidad. ¿Y los padres? Pues bien gracias, como dicen: en Belén con los pastores.

A poner orden en casa, pues ni el colegio, ni los institutos ni las universidades pueden sustituir a los padres.

Por Ántero Flores Aráoz